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La fuente y la Gruta de Clamouse debe su nombre al
término languedociano 'clamousa' (clamar o gritar) a causa del ruido
del agua del río subterráneo durante las inundaciones.
Una leyenda cuenta que un jóven pastor de la meseta tenía la costumbre
de echar un cordero de su manada en el abismo. El río subterráneo le
transportaba así hasta la desembocadura más abajo donde le esperaba su
madre.
Un día, la madre encontró el cuerpo de su hijo en vez del cordero. Se
cuenta que, loca de dolor, la madre vagaba durante mucho tiempo en los
alrededores de la cueva, clamando desesperadamente.
Este tipo de leyenda, con algunas variaciones, es muy frecuente en
todas las regiones calcáreas con ríos subterráneos.
Confirma que los habitantes de estas regiones tuvieron muy pronto la
consciencia de la relación entre las desembocaduras de las valles y los
abismos y los puntos de infiltración del agua en las mesetas y montañas
cercanas.
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